Sobre el proyecto

La Aventura de Aprender es un espacio de encuentro e intercambio en torno a los aprendizajes para descubrir qué prácticas, atmósferas, espacios y agentes hacen funcionar las comunidades; sus porqués y sus cómos o en otras palabras, sus anhelos y protocolos.

Este proyecto parte de unos presupuestos mínimos y fáciles de formular. El primero tiene que ver con la convicción de que el conocimiento es una empresa colaborativa, colectiva, social y abierta. El segundo abraza la idea de que hay mucho conocimiento que no surge intramuros de la academia o de cualquiera de las instituciones canónicas especializadas en su producción y difusión. Y por último, el tercero milita a favor de que el conocimiento es una actividad más de hacer que de pensar y menos argumentativa que experimental.

El mundo de la educación está desplazando su centro de gravedad desde la enseñanza a los aprendizajes y, en consecuencia, desde los contenidos a las prácticas, desde los manuales de curso a los cuadernos de campo y desde la cultura del examen a la cultura peer-to-peer. Antes de que el conocimiento se convierta en algo contrastado y público, antes de que llegue a los manuales o a las aulas, antes incluso de que su presentación se optimice y su empaquetamiento se normalice, la aventura de atreverse a formular preguntas sin respuesta, o cuya respuesta es más compleja de lo que esperábamos, implica un proceso de aprendizaje que obliga a conversar con otros maestros, descubrir nuevos conceptos, distintas prácticas, diferentes manuales y ensayar otros espacios, atmósferas y relacionalidades.

Sin aprendizaje no hay aventura, ya que las tareas de aprender y producir son cada vez más inseparables de las prácticas asociadas al compartir, colaborar y cooperar.